
El INEM granducal, en el que ahora mismo están inscritos 15 704 parados, entre ellos un servidor, que sitúan la tasa de desempleo en un astronómico 6,5%.
Hola.
Ja, ja… si antes erais pocos, a estas alturas no debe quedar nadie que lea este blog que, por razones varias (la principal entre ellas —sí, lo reconozco— cierta holganza vital) ha terminado por convertirse en un gran y pretencioso bluff.
¿Por qué, entoces, retomarlo ahora?… Un poco por vergüenza propia y un mucho porque parece que la «aventura» toca a su fin. Y porque comienzo a notar ese regusto amargo de las cosas que se terminan, que suele venir acompañado de una urgencia febril y atolondrada por intentar aprehender todo con gran intensidad, como intentando que deje huella… en fin, eso de ser consciente de ver las cosas por última vez. Y sobre todo, las cosas pequeñas, las nimiedades que hacen que todo sea (un poco) diferente y que son las que comienzan a escasear en estos tiempos de globalización obligada.
En la foto podéis ver el edificio de la Administración del Empleo, el ADEM, en el que cada cuatro semanas disfruto de una breve conversación con mi simpático «acomodador (placeur) profesional» (hay afortunados que tienen cita con una joven placeureusse, no vayáis a pensar que todos los funcionarios son señores grises y aburridos), quien después de preguntarme amablemente si ha habido alguna novedad, estampa en mi tarjeta (azul) del paro la fecha de nuesto próximo tête à tête.
Cada uno de los casi 16 000 parados inscritos en el ADEM firma una Convention d’activation, una especie de contrato en el que amablemente nos detallan una serie de informaciones importantes y PERSONALIZADAS, a saber:
- Mi situación actual: fecha de inscripción como «demandante de empleo» (que no parado) y profesión.
- Mi diagnóstico: que después de varias entrevistas en algunos de los muchos despachos del edificio, resulta favorable, «no existiendo impedimentos mayores que dificulten mi inserción laboral». He tenido suerte y a pesar de mi peculiar uso del idioma francés, me han declarado «apto», porque un diagnóstico calificando tu trayectoria profesional como «frágil» o «atípica» (como es el caso de un amigo, doctor en filosofía) te asegura una plaza en alguno de los muchos cursillos de aleccionamiento, donde intentarán remplazar los pájaros de tu cabeza con modernas interpretaciones de la clásica servidumbre al capital.
- Mis derechos: A recibir asistencia activa en mi búsqueda de empleo, a recibir ofertas de empleo acordes con mi perfil, a ser miembro del «Club de los Parados», ¡uy! perdón, «Club del Empleo» y, casi lo olvido, a recibir mi prestación por desempleo, claro.
- Mis obligaciones (que también las hay): de buscar activamente un empleo, de utilizar todos los medios a mi alcance en su búsqueda, de notificar cualquier cambio en mi situación, de acudir al ADEM cuando así me lo pidan y de presentarles, siempre que estimen oportuno, mi dossier personal, en el que debo haber ido detallando todos mis esfuerzos (infructuosos) por encontrar trabajo.
Al final del documento, nos recuerdan amablemente que el encontrar un empleo depende sobre todo de nosotros mismos y que es una ocupación a jornada completa, en la que debemos emplear el 100% de nuestro tiempo… aunque yo no termino de entender porque un empleo «normal» ocupa sólo el 33% de la vida de una persona y el empleo de un parado debe ser del 100%. Pero como me tengo por un ciudadano observante de la legalidad vigente (y por si acaso) ya he comenzado también a soñar con que busco un curro.
Es muy de agradecer el caracter personalizado del documento (sobre todo en una circunstancia tan delicada) y por fin siento que una Administración muestra algo de sensibilidad y empatía por mi y que no me trata como un simple número más. Y por eso, no puedo evitar el preocuparme cuando leo las últimas lineas, en las que insisten en la importancia del look (sic), la vestimenta… y la higiene personal. ¿Será por eso que sigo en paro?
PD: En fin, nada más lejos de mi intención que mofarme de una Administración que me ha reconocido UN año de paro después de haber trabajado UN año… y sin haber cotizado UN sólo euro en el país… creo.